Edición Nº19 Abril 2003

Por: Guillermo Payueta

MACERACIÓN CARBÓNICA. Nuevos éxitos.

La maceración carbónica es, posiblemente, una de los procesos de vinificación más antiguos en uso; con esta técnica, que básicamente consiste en macerar durante unos pocos días los racimos enteros en un tanque de acero inoxidable, donde el aire es sustituido por anhídrido carbónico (aquí se produce lo que se llama la fermentación intracelular) logra extraer todo el potencial aromático que aportan las uvas. Posteriormente a este paso inicial, le siguen diversas técnicas de vinificación que según la zona donde se produzca el caldo sigue un proceso diferente, algunas lo hacen con hollejos, otras sin ellos, incluso se llega a utilizar madera en ciertos casos, etc.
Algo si ha cambiado en los últimos tiempos. De considerarse un vino para consumo rápido porque perdía gran parte de sus aromas en pocos meses, ha pasado a mejor consideración y a poder ser consumido durante el año sin que sus cualidades organolépticas se vean mermadas. Esto es debido, sobre todo, al buen hacer enológico, las técnicas se han ido depurando y por tanto las bodegas logran sacar al mercado maceraciones carbónicas más equilibrados, con una adecuada carga de matices florales y muy bien acogidos por el consumidor, tanto novel como experto.

En Canarias, especialmente en Tenerife, son vinos apreciados y esperados cada año y al ser los primeros que se ofrecen de cada cosecha dan fe del estado de calidad de los que les seguirán en su aparición al mercado. Es esta tradición de maceración carbónica lo que lleva a que algunos de ellos estén presentes en ferias, concursos y catas de estos vinos en todo el territorio nacional, obteniendo año tras año reconocimiento y prestigio. A ello nos vamos a referir. Reconocidas publicaciones del mundo del vino nacionales realizan cada año una serie de catas “oficiosas” donde se puntúan y clasifican los caldos seleccionados. Tres son las bodegas que este año han logrado, una vez más, sorprender a unos y otros con el resultado de someter a la variedad Listán Negro a este proceso: Bodegas Insulares Tenerife (Viña Norte), Bodegas Monje, ambas de la D.O. Tacoronte-Acentejo, y Bodegas Valleoro (Gran Tehyda) de la D.O. Valle de La Orotava. Han acaparado primeros puestos en las listas y excelentes comentarios y recomendaciones.

El mercado, cada vez más exigente y documentado, exige personalidad a los vinos y demanda características propias de cada zona productiva, rechazando las estandarizaciones y las tendencias a unificar variedades, aromas y sabores con otros procedentes de diversas partes del mundo. Los vinos canarios deben diferenciarse y por tanto venderse por ello, por esas características especiales que otorgan las variedades adaptadas durante decenas de años e incluso siglos a nuestros suelos volcánicos y a nuestros microclimas. Pero, para ello, hemos de lograr no sólo estos mencionados éxitos, sino, sobre todo, que viticultores, bodegueros, técnicos y políticos crean firmemente en las posibilidades de los caldos producidos con las variedades consideradas “autóctonas”. Ejemplos de zonas donde hace algunos años se reemplazaron variedades locales por otras más famosas y apreciadas internacionalmente (Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay, etc) están volviendo a sus orígenes al verse ante una gran competencia comercial frente a bodegas y zonas de grandes producciones en ellas, con el consiguiente descalabro para productores más modestos y sin cantidades, calidades ni precios que puedan hacerse un hueco en un mercado ya de por sí saturado.

Canarias, con sus pequeñas bodegas, artesanales una gran parte de ellas, difícil agricultura y excesivos coste de producción, no puede permitirse el lujo de intentar competir con las mismas armas del resto. Las especificidades de nuestras Islas y la gran cantidad de características especiales que esto aporta a los vinos producidos en ellas son suficientes para lograr la aceptación del potencial consumidor ávido de degustar sabores “únicos”, a veces exóticos y antaño tan reconocidos, como ocurría con los malvasías. Eso sí, tener unos caldos “diferentes” no garantizan el éxito comercial, la persecución de la máxima calidad y la más adecuada presentación son parte importante del mismo, y, en esto, sí que andamos (salvando las honrosas excepciones, aunque pocas) aún en pañales. Creemos que a modo de resumen bien valen las palabras de D. Rodolfo Ríos Rull, Director General de Política Agroalimentaria del Gobierno de Canarias, en la entrevista que publicó ya Bodega Canaria en su número 17: Las denominaciones de origen sufren en ocasiones un lastre, y es precisamente el arrastrar con bodegas y vinos que no aportan la calidad adecuada aunque superen ciertos mínimos.

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