Edición Nº9 Abril 2002
TRiBUNA

DIRK GODENAU
Departamento de Economía Aplicada, Universidad de La Laguna

Hipótesis para un debate

La primera década de auge de los vinos embotellados bajo Denominación de Origen en Canarias ha dedicado gran parte del esfuerzo sectorial a la mejora de las estructuras productivas, mejorando las técnicas de cultivo y la elaboración de los vinos en condiciones tecnológicas adecuadas. Este esfuerzo ha sido, y es, necesario e imprescindible.
Estos vinos canarios renovados, con mayor calidad y precios relativamente elevados, han sido recibidos por el consumidor canario con los brazos abiertos ahí donde la comercialización se los ha puesto a su disposición. En consecuencia, aún contando con la presencia de los vinos importados en el mercado canario, los vinos embotellados con Denominación de Origen han contado con una situación comercial relativamente cómoda en lo que se refiere a la aceptación del producto por parte del consumidor.
Los retos comerciales de los vinos canarios embotellados durante la década de los noventa se centraron en darle al producto una presentación más adecuada (embotellado, etiquetado, etc.); disponer de los materiales de promoción básicos (folletos, etc.); enfocar la promoción genérica por comarcas desde los Consejos Reguladores; y ofertar medidas de formación al sector. En las otras dos variables del marketing mix, política de distribución y precios, los avances han sido menores, tratándose de aspectos que se encuentran casi íntegramente en manos de las bodegas.
La hipótesis de fondo de esta intervención consiste en que este perfil de esfuerzo promocional no será suficiente en la presente década. No lo es en términos cualitativos (se tendrán que emprender otro tipo de acciones aparte de las ya existentes), ni tampoco en términos cuantitativos (el presupuesto que dedican bodegas, Consejos Reguladores, Cabildos y Consejería a la promoción tendrá que ampliarse).
Esta hipótesis se justifica por la observación que la presente década nos está trayendo novedades que modificarán la situación anterior de la comercialización. La progresiva penetración de los vinos americanos y australianos en el mercado europeo magnificará los problemas de venta, ya anteriormente existentes, de los vinos españoles. Los amplios excedentes de vinos peninsulares de calidad están llevando a la intensificación de su esfuerzo promocional, reforzando su competitividad precio antes los vinos canarios.
Tanto por efectos directos como indirectos, el mercado canario experimentará incrementos en la afluencia de vinos importados de una buena relación calidad-precio y un poder promocional muy superior al que tienen actualmente los vinos canarios. Esta mayor competencia se combina con la ampliación paralela de la producción de uva en Canarias y una parte cada vez más sustancial de esta uva se convertirá en vino embotellado.
En este contexto, los vinos canarios tendrán que acostumbrarse a excedentes de producción, mayores dificultades de venta y una mayor discriminación en función de la relación calidad / precio percibida por el consumidor. Vender se hará más laborioso y precisará de una combinación de marketing completo que subsane las actuales deficiencias.
Por consiguiente, el esfuerzo promocional de los vinos canarios tendrá que intensificarse si el sector en general, y los vinos embotellados en particular, quieren seguir ganando cuota en el mercado regional. Los medios que dedican bodegas, Consejos Reguladores y Administración Pública actualmente a la promoción no serán suficientes para mantener y mejorar la competitividad comercial de los vinos canarios. En otras palabras, en este decenio los presupuestos acumulados de promoción tendrían que multiplicarse.

No es realista ni deseable que sean exclusivamente las Administraciones Públicas las que tengan que hacer frente a este reto cuantitativo. En cambio, es deseable e imprescindible que el propio sector desarrolle una comercialización más activa, potente y coordinada. Es el propio sector el que debe saber con claridad cuáles son sus objetivos y estrategias comerciales. En vez de vivir bajo la tutela de las Administraciones, convendría que el propio sector planteara a éstas cuáles son sus acciones previstas para solicitar el apoyo público.
Esto implica un cambio profundo en la capacidad de auto organización colectiva del sector. Significa la necesidad de ser más capaces de lograr una voluntad sectorial compartida, significa negociar acuerdos de colaboración que superen las severas limitaciones que impone la fragmentación territorial, organizativa y social. La actual cohesión interna del sector es baja y los desacuerdos y riñas tienen un elevado coste, especialmente si la presión de la competencia aumenta.
En paralelo a la ampliación del consenso sectorial se modificará el concepto de competencia. En vez de limitarlo a otras bodegas y Consejos Reguladores de nuestra propia región, debemos reconocer, y actuar en consecuencia, que muchos productos y servicios compiten por las necesidades que satisfacen los vinos. Son ejemplos las demás bebidas alcohólicas (como la cerveza), otros alimentos canarios de calidad (como quesos y papas), otros vinos novedosos (¿por qué no probar un vino australiano?), otros identificadores de cultura canaria (como la naturaleza). La competitividad de los vinos canarios debe articularse en todas estas dimensiones y en muchas de ellas la cohesión sectorial es esencial al tratarse de aspectos genéricos.

El desarrollo de esta cohesión interna podría facilitar el intento de subsanar una de las debilidades comerciales más relevantes de los vinos canarios: la falta de una imagen nítida y notoria entre sus consumidores. Podríamos ironizar con la expresión: "conocido a la hora del almuerzo en su casa". Pues, ni esto se ha logrado satisfactoriamente. Mientras que en otras Comunidades Autónomas los alimentos regionales cuentan con campañas de promoción continuas, los vinos canarios son unos desconocidos en su propia casa, al menos para gran parte de los consumidores.

La fragmentación territorial y organizativa de la producción no debe trasladarse, como ha ocurrido hasta ahora, a una atomización de los esfuerzos promocionales. No será factible que cada bodega y cada Consejo Regulador vaya exclusivamente por su cuenta. Precisamos de un esfuerzo colectivo que aglomere los escasos medios en una masa crítica capaz de comunicar a los consumidores canarios la existencia y las cualidades de nuestros vinos.
a creación y comunicación de una imagen genérica de los vinos canarios y de los vinos de Tenerife es, en efecto, un paso imprescindible para ensayar las posibilidades y limitaciones de la colaboración entre las diferentes zonas productivas. Las correspondientes actuaciones, entre ellas campañas de promoción, deberían cumplir los siguientes requisitos: ser plurianuales; disponer de un presupuesto anual mínimo; contar con la participación activa, tanto financiera como creativa, de los Consejos Reguladores y las bodegas adscritas; definir nítidamente el posicionamiento del vino canario embotellado y la imagen que se quiere comunicar; y por último, estar acompañado de la presencia y promoción de las principales marcas en los diversos canales de distribución.
Aparte de la debilidad en la imagen genérica, la comercialización de los vinos canarios en el presente decenio tendrá que hacer frente a otra "pata floja" en su combinación de marketing: la estructura de precios por niveles de calidad. La actual situación se caracteriza por el predominio abrumante de vinos jóvenes con precios relativamente elevados y homogéneos. Mantener esta escasa diversificación en niveles de calidad en combinación con una escasa competitividad en costes y precios será difícil.

Esto no quiere decir que los vinos canarios jóvenes no cuenten con representantes de excelente calidad en su categoría. Los premios nacionales e internacionales que obtienen estos vinos todos los años así lo demuestran. Pero mientras que los concursos de cata no tienen en cuenta los precios de venta de estos productos, los compradores, es decir, restaurantes, supermercados, hoteles, etc., sí asignan un alto valor a la variable precio en relación con la calidad.
Aunque los costes de producción no son un parámetro inamovible, sí es cierto que cuentan con una importante inercia. La reconversión de parte de los viñedos en el contexto de la OCM vitícola es una buena oportunidad para avanzar en el control y la reducción de los costes de producción, pero no permitirán competir con los costes que se tienen en contextos continentales. En otras palabras, producir uva en Canarias seguirá siendo relativamente costoso.
En consecuencia, los precios de los vinos elaborados en Canarias no podrán reducirse de forma sustancial para competir vía costes de producción. Por lo tanto, el aumento de la competitividad de mercado de los vinos canarios tendrá que venir de la diferenciación del producto a través de una calidad percibida como elevada y en concordancia con los precios de venta. Debemos recordar que la calidad percibida no se limita a la calidad enológica, sino que incluye múltiples aspectos relacionados con la imagen que comunican estos productos.

La mejora de la relación calidad-precio que percibe el consumidor se alcanza por la combinación de avances en varios frentes de actuación: uva de calidad que se paga conforme a un canon de precios que recoge los criterios de calidad; mejores técnicas de elaboración de los vinos; diversificación en tipos y categorías de vinos, manteniendo y fomentando la diferenciación organoléptica del origen canario; mejora de la calidad distributiva a través de la presencia amplia en los puntos de venta de las zonas productoras, buscando agilidad en la distribución física y servicios de promoción en el canal; intensificación del esfuerzo de comunicación a través de campañas de promoción genérica y el aumento de la notoriedad de las marcas principales.
Estos cambios llevarán a una expansión vertical de la pirámide enmarcada por los vectores de precio y cantidad. Mientras que la situación actual destaca por una parte intermedia muy ancha de esta pirámide, la situación futura debería ampliar la cúspide (calidad superior, elaboraciones especiales, escasas cantidades, altos precios) y participar activamente en la base de la misma, abasteciendo parcialmente la demanda de vinos de bajo precio y calidad media-baja (vinos de mesa de precios medio-bajos, diferenciados por su origen canario, frecuentemente segundas marcas de las bodegas).

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