Edición Nº3 Enero 2002

P A R a P R O f E S I o N A L E S

LA UTILIZACION DE VIRUTAS FRENTE A LAS BARRICAS DE ROBLE

POR Valerio L. Gutiérrez Afonso
Dpto. Ingeniería Química y Técnica Farmacéutica
(Universidad de La Laguna)

Según muchos expertos, las modificaciones organolépticas aportadas al vino por una barrica, sobre todo nueva, son a la vez complejas y variables según los vinos. Estas modificaciones son a veces muy diferentes, por ejemplo, cuando sobre un mismo vino intervienen dos barricas que varían en términos de origen de la madera, del tostado o de la tonelería.
Cuando un vino se conserva en una barrica nueva, el vino sufre tres tipos de modificaciones:

1. MODIFICACIONES AROMÁTICAS Los aromas extraídos de la madera están en sinergismo o antagonismo con los del vino, llegando a olores variables, más o menos marcados por los caracteres cuyo origen vienen de la madera. Entre los aromas directamente cedidos por la madera, se pueden diferenciar:
- un grupo llamado "lácteo" evocando aromas como los de mantequilla, plátano seco, coco,...
- el grupo de especies como los de vainilla, canela, clavo, etc...
- aromas frutales como los de naranja confitada, maracuyá, etc..
- aromas tostados, como los de torrefacto, quemado, brasas, etc..
- aromas vegetales, como a clorofila, savia, etc..
Como observamos existe una gran diversidad de aromas posibles, lo que se traduce en una gran tentación para ciertos bodegueros y enólogos de construir una complejidad aromática basándose en la utilización de la madera más que en la del propio vino.

2. MODIFICACIÓN DEL EQUILIBRIO GUSTATIVO El aporte de elementos dulces entraña una modificación del equilibrio gustativo, que tiene por resultado una disminución de la acidez, una compensación de la astringencia, y dando al final un efecto de redondeo en el vino. A veces, también se producen elementos amargos, principalmente en aquellos vinos cuya acidez está bien marcada.

3. MODIFICACIÓN DE LA ESTRUCTURA FENÓLICA Si el aporte de taninos por la madera contribuye a la sensación de astringencia, a veces caracterizada como verde o seca, es el fenómeno de oxidación el que produce las modificaciones más complejas en la conservación del vino en la barrica. Esta modificación, en términos de estructura, probablemente es debido a la estabilización a un nivel alto de la concentración en polifenoles, con una percepción de los vinos más cerrada y más astringente comparativamente a los mismos vinos sin aporte de oxígeno o solamente con aportes puntuales (trasiegos). También se produce un efecto de redondeo de los taninos con una pérdida de agresividad y un efecto de secado de los taninos, acompañado a veces de una sensación de pérdida de volumen en boca.
En general, cuando un vino es conservado en barrica, se observa sucesivamente estos tres efectos, independientemente de la edad de la barrica.
Desde hace unos años, estamos asistiendo a una revolución en el concepto de la madera en los vinos. Se están poniendo en práctica el empleo de otras alternativas a las barricas de roble por razones económicas y de gestión de trabajo, sin menospreciar la calidad de los vinos. Entre estas prácticas tenemos las virutas de madera de roble, las cuales proporcionan características analíticas y sensoriales a los vinos similares a los de la barrica. Las virutas pueden utilizarse en diferentes formas. Estas pueden ser añadidas al mosto en la propia estrujadora de uvas, y también en la prensa, o bien en los vinos directamente conservados en depósitos de acero inoxidable o también como refuerzo de barricas envejecidas.
La adición de virutas se distingue de la crianza en barrica de roble por la ausencia de la oxidación que se desarrolla en la barrica como consecuencia del paso del oxígeno del aire a través de los microporos de la madera. Desde un punto de vista aromático, prácticamente se ha visto las mismas categorías de aromas citados anteriormente. Sin embargo, las virutas permiten una mejor homogeneidad en el tostado y por tanto, una mejor gestión de este carácter, mientras que en el caso de las barricas es tan solo aproximativa.
Se ha constatado, por degustaciones comparativas, que:
- sin tostado, el efecto aromático es débil y del tipo vegetal, lo "azucarado" aumenta ligeramente.
- tostados ligeros son marcados por un carácter lácteo y un "dulzor" importante.
- tostados medios son dominados por el carácter tostado y una boca más astringente, con un ligero amargor.
- en tostados fuertes abundan notas de vainilla pero, en boca, ligeramente secos y amargos.
En un estudio reciente realizado en el Centro Superior de Ciencias Agrarias de la Universidad de La Laguna, empleando un vino blanco elaborado de una forma clásica con la variedad Listán blanco, se ha comprobado como la adición de 10 g/L de virutas de roble americano de tostado medio produce mejores efectos sensoriales que dosis de 5 g/L.
Sin embargo, con virutas, también de roble americano, pero de tostado fuerte, el aporte de sustancias aromáticas de la madera es menos intenso, valorándose siempre un en un segundo plano estos vinos que los de virutas de tostado medio. Así mismo, también se ha comprobado como el tostado fuerte de las virutas suministró una menor cantidad de polifenoles al vino, produciendo una menor modificación en el color de los mismos, principalmente, las tonalidades amarillas fueron superiores en los vinos con virutas de tostado medio después de 42 días de contacto entre el vino y las virutas.
En términos aromáticos, y comparando los resultados con un vino testigo al que no le añadió virutas, se ha visto como la intensidad aromática fue superior en los vinos con virutas, especialmente en aromas de frutas confitadas y vainilla, y una reducción significativa en aromas vegetales que tanto caracteriza a la variedad Listán blanco.
En el futuro se estudiará de forma comparativa el empleo de virutas y de barricas de roble sobre un mismo vino. No obstante, a partir de trabajos realizados en el exterior por miembros de este equipo de trabajo, se han observado como existe una diferencia significativa entre la barrica y las virutas, pero este no es más fuerte que entre dos barricas diferentes y entre dos tipos de virutas.
Conviene resaltar también, que los resultados de estos estudios son siempre delicados a interpretar cuando se realiza sobre un pequeño grupo, que a veces no es representativo de la población. Se observa aquí que no se percibe ninguna preferencia firme para las virutas o las barricas. Con estudios de reconocimiento, para saber si un consumidor es capaz de diferenciar vinos criados en barricas o con virutas, con una tasa de error de un 60%, se muestra la dificultad de diferenciar los aportes aromáticos ligados a las virutas de los de la barrica.
Como conclusión podemos afirmar el hecho de que los aportes aromáticos de las virutas son del mismo tipo de los aportados por las barricas. Sin embargo, al igual de lo que sucede con las barricas, existe una gran diversidad de expresión y de calidad en la combinación viruta/vino.

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