Edición Nº4 Enero 2002

SAN MARTÍN LA FIESTA DEL VINO NUEVO EN LA PALMA
Por María Victoria Hernández

Desde el siglo XVI la onomástica de San Martín marcaba el ciclo agrícola de la vid en La Palma. Los protocolos del escribano público Domingo Pérez recogen numerosos contratos de tierras dedicadas a viñedos que comenzaban y finalizaban por el día de San Martín. El santoral católico regía las fechas de los arrendamientos agrarios. Si los de la vid comenzaban y finalizaban por San Martín, fecha donde ya se podía tener una idea clara del resultado de esa vendimia, por el contrario los de sementera de trigo, centeno y cebada los marcaba la festividad de San Juan.

Hoy como ayer, sin iglesia, ermita y santo o imagen a quien hacer "función", novena o procesión por toda la geografía palmera la víspera de San Martín, el 11 de noviembre, se siguen abriendo las bodegas para "jurar las pipas" y degustar los nuevos caldos. Al vino nuevo se le suman las comidas tradicionales, pescado salado y cochino a la brasa de carbón vegetal. No pueden faltar las castañas tostadas o guisadas, el fruto del otoño. Los castaños, de procedencia mediterránea, debieron llegar a La Palma con los primeros colonos que se establecieron en la isal en el siglo XVI. Su fruto ya era objeto de exportación al menos desde 1546. En este año ya consta que se habían enviado a El Hierro "5 arrobas de castañas que costaron 1.605 mrs". Coincidiendo con San Martín, desde 1997, se vienen haciendo unas jornadas sobre la vid y el vino, organizadas por el C.R.D.O. Vinos de La Palma y con el apoyo del Cabildo Insular. Y las viejas coplas anónimas las cantan y repiten los niños año tras año.

Saran Martín
tirín tintín
fuego a la castaña
y mano al barril

Las referencias más antiguas de la celebración de San Martín en La Palma las aporta en 1916 el lanzaroteño Isaac Viera en su libro "costumbres canarias", donde las calificaba como una costumbre de tiempo inmemorial. Esta aportación tiene un valor etnográfico importante al ser Viera testigo directo de los Sanmartines que se hacían a finales del siglo XIX, no en vano, este escritor y periodista residió durante muchos años en los Llanos de Aridane. En aquellos tiempos, y ahora, "El día de San Martín se abren las bodegas en la antigua Benahoare; suenan los populares guitarrillos y comienza la algazara de la gente alegre, desde que la noche tiende sus velos". Describe Viera que en esa noche "Mujeres hermosas y apuestos galanes, reunidos fraternalmente en sus hogares, improvisan y entablan diálogos llenos de animación y de viveza de colorido local en los que chispea la gracia y se juntan las manos para aplaudir el calenbour que, como arma de doble filo, recorre el perímetro de la sala". Era una fieta participativa y sin edades diciendo que "Los viejos y las viejas también toman parte activa en esa fiesta, sintiendo que su espíritu se remoza, apurando buenos tragos de rico moscatel, sin dedeñar los vasos rebosantes del listán o del dorado malvasía". Como vemos, señala tres variedades de uvas: moscatel, listán y malvasía.
Conocemos por el británico mercader de vinos Thomas Nichols de la importante producción de vinos malvasía en La Palma en el siglo XVI y confirmada en protocolos del escribano palmero Domingo Pérez, publicado por Luis Agustín Hernández Martín, por el que sabemos que en 1555 Beatriz Hernández arrendaba sus tierras de viñedos en las que poseía un "pedazo de tierra de viña malvasía".
Isaac Viera aprovecha para describir viejas costumbres de la vendimia en La Palma diciendo que: "El que reciba un racimo de un viticultor palmero, tiene que ser muy íntimo de éste". Aclarando que esto se debe al celo para obtener mayor cantidad de litros de vino. Pero si bien el propietario de la vid negaba un racimo de uvas a un vecino, aclara que: "Desde el día en que se abren las bodegas, el mismo cosechero que le negó a su mejor amigo un racimo, le hace regalo de vino por garrafones y barriles". Termina Viera esta interesante vivencia de la noche de San Martín, de finales del siglo XIX en La Palma, aportando una elocuente redondilla que cantaban en esa noche por las calles de Los Llanos de Aridane:

" Y se ven guiños de ojos
de sanas, tuertas y mancas
y descomunales trancas
de sanos, tuertos y cojos"

   Artículos de "A Fondo" en    otras ediciones:
  

 

 






















Aviso Legal - info@bodegacanaria.com