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SAN MARTÍN LA
FIESTA DEL VINO NUEVO EN LA PALMA
Por María Victoria Hernández
Desde el siglo XVI la onomástica de San
Martín marcaba el ciclo agrícola de la vid en La
Palma. Los protocolos del escribano público Domingo Pérez
recogen numerosos contratos de tierras dedicadas a viñedos
que comenzaban y finalizaban por el día de San Martín.
El santoral católico regía las fechas de los arrendamientos
agrarios. Si los de la vid comenzaban y finalizaban por San Martín,
fecha donde ya se podía tener una idea clara del resultado
de esa vendimia, por el contrario los de sementera de trigo, centeno
y cebada los marcaba la festividad de San Juan.
Hoy como ayer, sin iglesia, ermita y santo o imagen a quien hacer
"función", novena o procesión por toda
la geografía palmera la víspera de San Martín,
el 11 de noviembre, se siguen abriendo las bodegas para "jurar
las pipas" y degustar los nuevos caldos. Al vino nuevo se
le suman las comidas tradicionales, pescado salado y cochino a
la brasa de carbón vegetal. No pueden faltar las castañas
tostadas o guisadas, el fruto del otoño. Los castaños,
de procedencia mediterránea, debieron llegar a La Palma
con los primeros colonos que se establecieron en la isal en el
siglo XVI. Su fruto ya era objeto de exportación al menos
desde 1546. En este año ya consta que se habían
enviado a El Hierro "5 arrobas de castañas que costaron
1.605 mrs". Coincidiendo con San Martín, desde 1997,
se vienen haciendo unas jornadas sobre la vid y el vino, organizadas
por el C.R.D.O. Vinos de La Palma y con el apoyo del Cabildo Insular.
Y las viejas coplas anónimas las cantan y repiten los niños
año tras año.
Saran Martín
tirín tintín
fuego a la castaña
y mano al barril
Las referencias más antiguas de la celebración
de San Martín en La Palma las aporta en 1916 el lanzaroteño
Isaac Viera en su libro "costumbres canarias", donde
las calificaba como una costumbre de tiempo inmemorial. Esta aportación
tiene un valor etnográfico importante al ser Viera testigo
directo de los Sanmartines que se hacían a finales del
siglo XIX, no en vano, este escritor y periodista residió
durante muchos años en los Llanos de Aridane. En aquellos
tiempos, y ahora, "El día de San Martín se
abren las bodegas en la antigua Benahoare; suenan los populares
guitarrillos y comienza la algazara de la gente alegre, desde
que la noche tiende sus velos". Describe Viera que en esa
noche "Mujeres hermosas y apuestos galanes, reunidos fraternalmente
en sus hogares, improvisan y entablan diálogos llenos de
animación y de viveza de colorido local en los que chispea
la gracia y se juntan las manos para aplaudir el calenbour que,
como arma de doble filo, recorre el perímetro de la sala".
Era una fieta participativa y sin edades diciendo que "Los
viejos y las viejas también toman parte activa en esa fiesta,
sintiendo que su espíritu se remoza, apurando buenos tragos
de rico moscatel, sin dedeñar los vasos rebosantes del
listán o del dorado malvasía". Como vemos,
señala tres variedades de uvas: moscatel, listán
y malvasía.
Conocemos por el británico mercader de vinos Thomas Nichols
de la importante producción de vinos malvasía en
La Palma en el siglo XVI y confirmada en protocolos del escribano
palmero Domingo Pérez, publicado por Luis Agustín
Hernández Martín, por el que sabemos que en 1555
Beatriz Hernández arrendaba sus tierras de viñedos
en las que poseía un "pedazo de tierra de viña
malvasía".
Isaac Viera aprovecha para describir viejas costumbres de la vendimia
en La Palma diciendo que: "El que reciba un racimo de un
viticultor palmero, tiene que ser muy íntimo de éste".
Aclarando que esto se debe al celo para obtener mayor cantidad
de litros de vino. Pero si bien el propietario de la vid negaba
un racimo de uvas a un vecino, aclara que: "Desde el día
en que se abren las bodegas, el mismo cosechero que le negó
a su mejor amigo un racimo, le hace regalo de vino por garrafones
y barriles". Termina Viera esta interesante vivencia de la
noche de San Martín, de finales del siglo XIX en La Palma,
aportando una elocuente redondilla que cantaban en esa noche por
las calles de Los Llanos de Aridane:
" Y se ven guiños de ojos
de sanas, tuertas y mancas
y descomunales trancas
de sanos, tuertos y cojos"
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