Edición Nº6 Enero 2002
Hugo Pérez d e l V a l l e
CAMPEÓN DEL PRIMER CONCURSO REGIONAL DE SUMILLERES DE CANARIAS

Nacido en S/C de Tenerife el 21 octubre de 1967, de una familia de larga tradición hostelera, diplomado en empresariales, empresario de Hostelería y sumiller, Hugo Pérez del Valle es un canario comprometido con los valores gastronómicos de nuestra tierra y conocedor de que el buen servicio hace a la buena empresa

Bodega Canaria: ¿Cuándo tiempo lleva trabajando en la hostelería?
HUGO PÉREZ DEL VALLE: Prácticamente toda la vida. Mi familia es de larga tradición hostelera y lo llevo en la sangre. Desde pequeñito, colaboraba los fines de semana y los veranos en el restaurante y poco a poco me fui metiendo de lleno y ya son casi 10 años trabajando a tope en el sector.
B.C.: ¿Por qué es usted sumiller?
H.P.V.: Hace aproximadamente tres años hice un curso de cata y me di cuenta de que "esto es lo mío". Aproveché la oportunidad de realizar un curso de sumilleres en Marbella que duró 4 meses, en donde obviamente una parte importante que estudiábamos era el mundo de los vinos, pero como hoy en día el concepto de sumiller es más amplio, la educación que recibíamos no solamente era de vinos, sino también de aguas, infusiones, destilados, cervezas, aceites, jamones, aperitivos, puros... todo lo que rodea al servicio de la hostelería.
B.C.: ¿Cuáles son las funciones de un sumiller?
H.P.V.: Se encarga de la bodega del restaurante, de darle rotación a los vinos, que estos estén a la temperatura adecuada de servicio, de asesorar a unos clientes cada vez más exigentes. Si gastas dinero y vas a comer bien, quieres que alguien te asesore y este servicio cada vez se demanda más y por experiencia hay que adaptarse para darlo.
B.C. Sin embargo son muy pocos los restaurante en donde se ve la figura del sumiller. ¿Qué es lo que ocurre?
H.P.V.: Son pocos los sitios en donde se valora la figura de un sumiller. Normalmente las empresas buscan a personas que tenga nociones de sumillería, pero para contratarlos como camarero, y, sin despreciar el trabajo de los camareros, ya que esa función la he asumido durante mucho tiempo con orgullo, un sumiller, que gasta mucho tiempo y dinero en su formación, reciclándose continuamente, tiene sus funciones claramente definidas, como las tiene un por ejemplo un maitre.
Mover una buena carta de vinos de entre 100 y 200 referencias es agradable, no solamente para el sumiller, sino para la empresa y esta labor hay que valorarla. En los sitios en donde se valora es donde se han dado cuenta que, con él, ganan dinero. También es cierto que el sumiller tiene ciertas aspiraciones económicas y es difícil que se pueda ver esta figura en todos los sitios, que, por lo general, son lugares de 'alto standing'.
B.C.: ¿Tienen ustedes en su restaurante variedad de vinos canarios?
H.P.V.: Una parte importante de nuestros clientes son turistas, que siempre suelen venir con "las miras muy abiertas" a todo tipo de propuestas. Disponemos de una carta de vinos bastante equilibrada con vinos de todas las D.O. Canarias, pero lógicamente haciendo hincapié en los vinos de la zona, "es ridículo que me llene de Riojas, Riberas o los vinos que están de moda y me olvidara de los vinos canarios".
B.C.: ¿Pide mucha gente vinos canarios?
H.P.V.: Pues muchísima, aunque hay que tener en cuenta que nuestro restaurante es de comida canaria y nuestros clientes, generalmente extranjeros o peninsulares y son los que piden vinos locales, quieren probar lo de aquí; sin embargo la gente canaria se decanta por pedir vinos de fuera. Muchos miran la carta y no les suenan los vinos canarios y el mejor sitio para asesorar sobre los vinos canarios evidentemente es en los restaurantes .
B.C.: ¿Se le da importancia a los precios de nuestros vinos?
H.P.V.: Nos bebemos prácticamente nuestra producción, pero aquí es caro elaborar vinos y no puedes competir, pero hay gente que no le importa pagar más. Como norma general, me han enseñado que a los vinos más caros le tienes que ganar menos que a los más baratos, y hay mucha gente que no la sigue. De esta manera, los vinos canarios pueden competir en los restaurantes con los de fuera, con márgenes comerciales más bajos, pero que ayudan a su promoción.
Hay muchísimos clientes que vienen y no le prestan una atención excesiva a los precios. Muchos de ellos se dejan asesorar y generalmente siguen nuestras indicaciones, con lo cual, la posibilidad de colocar vinos canarios, siempre de calidad, es fácil.
B.C.: Como empresario de hostelería. ¿Tiene problemas con la distribución de los vinos de las islas?
H.P.dV.: No con todos, pero casi siempre. El gran caballo de batalla de los vinos de aquí es la distribución. La falta de constancia del distribuidor complica la presencia del producto en la carta de vinos, ya que no podemos ofrecer un producto del que no tenemos existencias. Sin embargo, decir que los que son constantes, son grandes vendedores.
B.C.: ¿Le da usted importancia a la carta de vinos?
H.P.V.: Muchos restaurantes no le prestan atención a las cartas de vinos, y la carta de vinos debe dar información, detallando cosas claras como la Denominación de Origen, la Bodega, el tipo de vino, y sobre todo la añada, importantísima y que pocos se arriesgan a poner, pero no se trata de agobiar con muchos más datos.
He visto muchas cartas sólo con primeras marcas, pero no son para mí cartas compensadas ni equilibradas. No siempre un vino caro es mejor ni uno barato peor. El asesoramiento de los vinos en las comidas va en función de lo que vayan a comer, aunque siempre se servirá lo que a los clientes les apetezca y si la variedad de vinos que posees en la carta es equilibrada en calidad y en precio, el éxito por regla general está asegurado.
B.C.: ¿Qué cree que le falta al vino canario?
H.P.V.: Hace diez años era impensable los logros que se han conseguido con el vino canario, pero nos sigue faltando mucha experiencia. Llevamos poco tiempo haciendo vino de calidad, pero estamos en el buen camino.
B.C.: y ¿Qué le pediría al sector del vino canario?
H.P.V.: Que intentara mantener las raíces, saber de donde estamos partiendo y a donde queremos llegar. Decimos que el vino canario es caro, pero si haces calidad, la gente lo consume. Si hacemos un vino caro, pero malo, no llegamos a ningún lado. Sin embargo, si le ponemos un buen diseño a la botella y utilizamos una variedad que nos pueda distinguir del resto del mundo, porque es una variedad propia, vamos por buen camino y podremos diferenciarnos del resto de los vinos.
Yo le diría a la gente que trabaja en el mundo del vino que lo hagan con variedades de aquí, porque, en mi opinión, es lo que puede destacarnos de los demás vinos. Nos falta experiencia, pero hacer un cavernet canario, para conseguir competir en el mercado, creo que es ponernos trabas, porque nuestros costes de producción seguirían siendo los mismos. Debemos implicar a los técnicos del sector, a las universidades, a los investigadores, a realizar estudios con nuestras variedades para conseguir mejores resultados.
No me gustaría que los vinos canarios perdieran su identidad. Muchas veces el mercado de vinos es un mercado de impulsos y vender vinos y guardar una identidad propia no siempre está estrechamente ligado, pero se puede buscar un equilibrio.
B.C.: ¿Cuál es el sendero de los vinos canarios?
H.P.V.: El gran camino de los vinos canarios son los vinos dulces, los malvasías, los vinos de postre, que son por los que nos conocen desde hace tiempo, todos lo sabemos.

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