| TENERIFE
FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL VINO
El vino, su fama, su consumo, su cultura, ..., por su misma fama,
por ser vehículo de la cultura occidental, por sus muchas
demostradas excelencias gastronómicas y propiedades salutíferas
también sufre el "global" fenómeno de
la globalización, aunque nunca deba perder sus especificidades.
El consumo mundial aumenta, pero relativamente más aumenta
la producción y, para resistir la cada vez más reñida
competencia, todas las regiones, todas las bodegas mejoran la
calidad e intentan desarrollar nuevos e impactantes tipos de vino,
superiores productos que les hagan ganar fama y mercado. Y en
lo posible, procuran al mismo tiempo abaratar precios.
En este escenario están pues los vinos de Tenerife, y en
esos tres campos deben luchar si quieren ser exportables: en el
de la calidad general, entre otras cosas limitando la producción
por unidad de superficie; en el de una mayor especialización
en marcas de renombre, no dispersándose en calidades y
esfuerzos; y en el de la reducción de precios mediante
la cooperación empresarial, la economía de escala,
la mecanización productiva, un más agresivo marketing...
Vinos bandera serían, entre otros, los tintos jóvenes
Listán y Negra Moll, los blancos Gual y Verdello, los viejos
Malvasía, secos y dulces y quizás algún ajerezado
de Listán Blanco (a investigar), dada la alta calidad y
tendencia a la oxidación de esta cepa. Señalar que
debieran abrirse espacios cercanos al turismo que ofrezcan, junto
a la cocina, el folclore y muestras del pasado canario, toda la
riqueza del vino de la Isla, algo similar a "La Granja"
mallorquina.
Bien conocidos son los espectaculares avances, tanto en producción
como en calidad y reducción de precios, logrados por los
vinos de Australia, Argentina, Chile, California, Sudáfrica...
Países donde se han volvado grandes capitales internacionales,
españoles en Argentina y Chile. En la misma Francia firmas
árabes y japonesas han invertido en el muy atrayente negocio
del vino. En España, ya La Mancha logra excelentes crianzas
de Tempranillo; Ribera del Duero, de la mano de Manolo García,
antiguo enólogo del vino Vega Sicilia, desarrolla tres
grandes nuevas bodegas, Mauro, Mauro II y Bodegas Aalto (1.800
millones de pesetas de inversión), bodegas de inmejorables
expectativas mercantiles; Cataluña se afianza con sus cavas;
etc, etc.
En Alemania, donde los típicos blancos semidulces de cepas
alemanas pierden terreno frente a los secos, principalmente de
Sauvignon Blanc y del omnipresente Chardonnay (sólo la
Riesling deshidratada por la podredumbre noble -"botrytis
cinerea"- se mantiene haciendo sombra a los famosos Sauternes),
y donde el mercado interno se inclina cada vez más por
los tintos, la baja calidad reinante ha hecho que la exportación
hacia el Reino Unido y los Estados Unidos se haya reducido drásticamente
en los últimos años, lo que hace que ahora allí
se demande una producción de vinos que sea mundialmente
competitiva, mediante reducción de la misma, un mejor control
de calidad y un más difinitorio etiquetado, así
como con la adopción del concepto francés de "terroir"
-vinos específicos bien definidos por la compleja interacción
del tipo de cepas y levaduras, el suelo, el microclima, la flora,
la topografía y demás factores locales, y por el
mismo "arte" del vinicultor local-.
Inglaterra, que bajo la dominación romana y el la Edad
Media cultivó vid y que después del siglo XII, al
conocer los vinos del Rhin y Burdeos, la abandonó, desde
los años 70 (Centro de Investigación de Oxted) vuelve
a la viticultura con cepas blancas alemanas y con las francesas
Pinot y Chardonnay dirigen sus esfuerzos a la producción
de espumosos, lo cual en el futuro afectará seriamente
a la importación de champán francés. Es también
harto significativo que Londres muy cerca del viejo teatro The
Globe haya abierto hace dos años Vinopolis, un gran centro
dedicado al vino, su historia y su cultura.
Juan Marrero González
De la Cofradía del Vino de Tenerife
Premio San Andrés 1991
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