| EL ENOTURISMO,
COMPLEMENTO PARA el seCtor viTivinícola
I Semana del Vino de Tegueste
D. Virgilio Loureiro
Investigador de la Universidad de Lisboa
Experto en enología y producción de vinos.
Portugal, década de los años noventa, el sector
del vino vivía un gran apogeo, experimentando un importante
crecimiento y en consecuencia, dada la rentabilidad para los productores,
se empieza a plantar más, utilizando técnicas modernas
que significaban doblar y en algunas ocasiones triplicar la producción.
Pero llegan los años de recesión, y empieza a ser
difícil competir con otros vinos, no tanto en calidad,
pero si en producción y en las bodegas empiezan a acumularse
litros de vino sin vender. Lo que era un presente brillante, se
ha convertido en una pesada carga y las expectativas a corto plazo
son descorazonadoras y hay que prepararse para la crisis. No existe
término medio en Portugal, o las cosas van bien o van mal.
Las alternativas a la crisis son pocas o ninguna y los que no
están preparados de-saparecerán.
Este es el panorama que el profesor Virgilio nos pintaba de la
Región del Duero ( Portugal), en una charla de la primera
semana vinícola de Tegueste, celebrada el pasado mes de
abril.
En su país natal ya vivió esta experiencia, y por
muy difícil que a todos nos parezca, empiezan a ver la
luz, no sin derroches de imaginación y esfuerzos.
La alternativa fue la de adaptarse o desaparecer. Tener que competir
con otras zonas vitivinícolas donde los costes de producción
son menores, era complicado, pero había que buscar nuevas
expectativas, algo diferente que reclamase la atención
de los consumidores y el enoturismo fue esa salida.
Partiendo de la idea de que los productores podían vender
sus vinos a los turistas directamente en bodega, consiguiendo
de esta manera ahorrar costes de distribución, gastos en
gestión de cobros y venderlo a un precio más elevado,
empieza a plantearse la organización de una ruta de visita,
en la que aquellos que están interesados en la elaboración
de los vinos, pudieran visitar los viñedos, las bodegas
y porqué no, colaborar en las tareas propias del sector.
Pero las condiciones que ofrecía la región para
la visita de turistas eran un tanto especiales. Carreteras antiguas,
malos accesos, sin hoteles o condiciones de alojamiento inadecuadas
eran las infraestructuras de una zona con una clara monocultura,
la venta del vino y así, difícilmente conseguirían
mejorar. Había que ponerse a pensar y a trabajar y en el
año 1992 se crea una ruta del vino en la Región
del Duero, con las participaciones del Instituto del Vino de Oporto
y del Proyecto Europeo Dyonisos, con el fin de conseguir subvenciones
para la mejora de las infraestructuras. En 1995 se crea la Ruta
de Oporto participada por La Casa del Duero, el Instituto del
Vino de Oporto y Organismos Regionales, en especial el de Turismo.
La participación cada vez es mayor y gracias a la creación
de asociaciones como la de "Adereter da Ruta do Vino do Porto"
entre productores de vino, casas de turismo, centros de visita
y cooperativas a partir del año 1998 empiezan a llegar
los primeros turista de forma constante.
Para una zona oprimida, este esfuerzo entre todos empieza a dar
sus frutos, pero la imaginación debe seguir siendo el detonante
para este continuo goteo de visitantes. Los intereses de los mismos
deben obtener respuestas y empiezan a organizarse centrales de
reservas que garanticen al turista lo que demanda. La creación
de eventos especiales como fiestas de la vendimia, senderismo,
conciertos musicales, cofradías del vino, concursos al
mejor racimo... actividades, todas ellas, de un marcado carácter
cultural y tradicional de la tierra, hacen de lo que en principio
era un proyecto, una realidad con unos datos muy significativos,
más de 3.000 turistas a través de la asociación
en el año 2001 y un año 2002 con unas magníficas
perspectivas.
El turista busca nuevos horizontes. Quiere conocer la cultura
de un pueblo, su gastronomía, sus fiestas, sus lugares
y la mayor parte de las veces integrarse y participar en las actividades.
Para Virgilio, el preservar la identidad de una zona es esencial,
no solamente para salvaguardar los valores tradicionales y culturales,
sino para dar a conocer los que son los auténticos signos
diferenciantes de un pueblo, y Canarias, comenta, tienen todos
los ingredientes para esta iniciativa, con sistemas de conducción
de viñedos únicos en el mundo, magníficos
paisajes y un patrimonio histórico y cultural que a buen
seguro originará la visita de turistas hambrientos de iniciativas
como las llevadas a cabo en su país, pero para conseguirlo,
dice, hace falta la colaboración de todos.
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