Edición Nº10 Mayo 2002
EL ENOTURISMO, COMPLEMENTO PARA el seCtor viTivinícola

I Semana del Vino de Tegueste
D. Virgilio Loureiro
Investigador de la Universidad de Lisboa
Experto en enología y producción de vinos.

Portugal, década de los años noventa, el sector del vino vivía un gran apogeo, experimentando un importante crecimiento y en consecuencia, dada la rentabilidad para los productores, se empieza a plantar más, utilizando técnicas modernas que significaban doblar y en algunas ocasiones triplicar la producción. Pero llegan los años de recesión, y empieza a ser difícil competir con otros vinos, no tanto en calidad, pero si en producción y en las bodegas empiezan a acumularse litros de vino sin vender. Lo que era un presente brillante, se ha convertido en una pesada carga y las expectativas a corto plazo son descorazonadoras y hay que prepararse para la crisis. No existe término medio en Portugal, o las cosas van bien o van mal. Las alternativas a la crisis son pocas o ninguna y los que no están preparados de-saparecerán.
Este es el panorama que el profesor Virgilio nos pintaba de la Región del Duero ( Portugal), en una charla de la primera semana vinícola de Tegueste, celebrada el pasado mes de abril.
En su país natal ya vivió esta experiencia, y por muy difícil que a todos nos parezca, empiezan a ver la luz, no sin derroches de imaginación y esfuerzos.
La alternativa fue la de adaptarse o desaparecer. Tener que competir con otras zonas vitivinícolas donde los costes de producción son menores, era complicado, pero había que buscar nuevas expectativas, algo diferente que reclamase la atención de los consumidores y el enoturismo fue esa salida.
Partiendo de la idea de que los productores podían vender sus vinos a los turistas directamente en bodega, consiguiendo de esta manera ahorrar costes de distribución, gastos en gestión de cobros y venderlo a un precio más elevado, empieza a plantearse la organización de una ruta de visita, en la que aquellos que están interesados en la elaboración de los vinos, pudieran visitar los viñedos, las bodegas y porqué no, colaborar en las tareas propias del sector. Pero las condiciones que ofrecía la región para la visita de turistas eran un tanto especiales. Carreteras antiguas, malos accesos, sin hoteles o condiciones de alojamiento inadecuadas eran las infraestructuras de una zona con una clara monocultura, la venta del vino y así, difícilmente conseguirían mejorar. Había que ponerse a pensar y a trabajar y en el año 1992 se crea una ruta del vino en la Región del Duero, con las participaciones del Instituto del Vino de Oporto y del Proyecto Europeo Dyonisos, con el fin de conseguir subvenciones para la mejora de las infraestructuras. En 1995 se crea la Ruta de Oporto participada por La Casa del Duero, el Instituto del Vino de Oporto y Organismos Regionales, en especial el de Turismo. La participación cada vez es mayor y gracias a la creación de asociaciones como la de "Adereter da Ruta do Vino do Porto" entre productores de vino, casas de turismo, centros de visita y cooperativas a partir del año 1998 empiezan a llegar los primeros turista de forma constante.
Para una zona oprimida, este esfuerzo entre todos empieza a dar sus frutos, pero la imaginación debe seguir siendo el detonante para este continuo goteo de visitantes. Los intereses de los mismos deben obtener respuestas y empiezan a organizarse centrales de reservas que garanticen al turista lo que demanda. La creación de eventos especiales como fiestas de la vendimia, senderismo, conciertos musicales, cofradías del vino, concursos al mejor racimo... actividades, todas ellas, de un marcado carácter cultural y tradicional de la tierra, hacen de lo que en principio era un proyecto, una realidad con unos datos muy significativos, más de 3.000 turistas a través de la asociación en el año 2001 y un año 2002 con unas magníficas perspectivas.
El turista busca nuevos horizontes. Quiere conocer la cultura de un pueblo, su gastronomía, sus fiestas, sus lugares y la mayor parte de las veces integrarse y participar en las actividades.
Para Virgilio, el preservar la identidad de una zona es esencial, no solamente para salvaguardar los valores tradicionales y culturales, sino para dar a conocer los que son los auténticos signos diferenciantes de un pueblo, y Canarias, comenta, tienen todos los ingredientes para esta iniciativa, con sistemas de conducción de viñedos únicos en el mundo, magníficos paisajes y un patrimonio histórico y cultural que a buen seguro originará la visita de turistas hambrientos de iniciativas como las llevadas a cabo en su país, pero para conseguirlo, dice, hace falta la colaboración de todos.

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