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Título: ¿De dónde dice que es este vino?
Autor: Apeles
R. Ortega
De aquí, por supuesto. Uno
se fía de la palabra de quien se lo sirve en el bodegón
o en el guachinche, pero en el trasiego de los vinos a granel,
e incluso de algunos embotellados con notoria ausencia de datos
en la etiqueta, es difícil saber con certeza el origen
de lo que bebemos, y muy fácil pasar de la incertidumbre
a la sospecha. De mi labor de gacetillero en los periódicos
extraigo esta noticia:
SEXAGENARIO
DETENIDO POR
LESIONES EN UNA REYERTA
"Agentes de la Guardia Civil del puesto de * * * * detuvieron
a A.M.D.F., de 63 años de edad e imputado en un delito
de lesiones del que fue víctima el propietario de un establecimiento
bodegón de la localidad. Según testimonios recogidos
por los agentes, el más tarde detenido se presentó
en el bodegón, al que había acudido unos días
antes a beber, para reclamarle al propietario la devolución
del dinero gastado, pues a través de terceras personas
se enteró de que el vino que le sirvieron no era del país,
sino importado de Chile.
El propietario aseguró que su vino procedía de la
misma comarca y se negó a la devolución del dinero,
lo que provocó una discusión que degeneró
en violencia física, hasta el extremo de que el detenido
utilizó una botella con la que golpeó en la cabeza
al primero, quien tuvo que ser asistido en un centro de salud
de diversos cortes y erosiones.
En su declaración, el detenido confesó los hechos
y manifestó que no pudo soportar la idea de que el bodeguero
hiciera burla "por haberle pagado a más de mil pesetas
el litro un vino de veinte duros".
La Guardia Civil instruyó diligencias para poner al detenido
a disposición judicial como presunto autor de un delito
de lesiones, y de lo actuado informó a la Dirección
General de Política Agroalimentaria a efectos de inspección.>>
No he podido averiguar si finalmente el peritaje oficial confirmó
un engaño que tanto dolor causó al sexagenario protagonista
de la noticia. Tanto como para perder la sensatez de la edad y
arriesgarse a buscar la desgracia en una pelea tabernaria que
pudo degenerar en crimen pasional.
Y si a la edad se le supone sensatez, también se le otorga
conocimiento, por lo que cabría decir que el vino de Chile
(país, por cierto, con mucha tradición vinícola)
es muy parecido al nuestro, pues si no difícilmente engañaría
a tantos. Y si es tan semejante, habrá que concluir que
no será tan malo como dicen, a pesar de su bajo precio.
A lo peor, lo que ocurre es mucho más simple aún:
que no tenemos tanto paladar para percatarnos del fraude.
Hay que insistir en que el fraude no está en el vino chileno,
pues la libertad de mercado, la oferta y demanda libres son casi
sagradas en nuestro sistema económico, sino en ofrecer
como del país un caldo que es foráneo, en dar al
cliente un producto distinto al que pide y al que cree estar pagando.
Este fraude no deja de ser una variante del más viejo ?y
no por ello menos utilizado en la actualidad? de servir valdepeñas,
jumillas y prioratos mientras se asegura al cliente que es un
vino de aquí, del viñedo que un amigo bodeguero
tiene en este mismo municipio, subiendo hacia la cumbre por...
La picaresca la favorece la caída de fronteras comerciales,
tanto internas, pues casi todas las regiones de España
dan buen vino, como internacionales, pues a los caldos de Chile
se suman los de Australia, Nueva Zelanda o California, de creciente
presencia en los mercados. Y con calidades y sabores capaces de
competir con los nuestros.
El asunto no es nuevo. El ya fallecido Xavier Domingo, uno de
los raros que en España han escrito y teorizado sobre el
vino y la comida, relataba hace 20 años, en "Cambio
16", una cata ciega que se había organizado en Francia.
El jurado de finos catadores, todos ellos franceses y chovinistas,
dió su veredicto, y para qué fue aquello. Los caldos
de Francia quedaron clasificados entre los últimos, entre
los primeros había catalanes y castellanos, y el considerado
en la cata ciega el mejor de todos ellos resultó ser un
tinto procedente de un viñedo de California que, para mayor
asombro, era propiedad de... la compañía Coca?Cola.
Otro dato: durante este año 2001, Chile ha aumentado las
exportaciones de sus vinos, que además han bajado de precio
a causa de una producción excedentaria. En economía,
esto significa que a quien quiera defraudarnos con un vino distinto
del que le pedimos, el engaño le saldrá más
barato todavía.
Vuelvo a insistir en que vivimos en una sociedad de mercados libres,
o más o menos libres, y nada habría que objetar
a la importación de vino chileno si este se vendiera como
tal y no se hiciera creer al consumidor que procede, por ejemplo,
de El Llano de La Matanza de Acentejo, de las cumbres de Güímar
o de La Geria lanzaroteña.
Del aumento y la eficacia de las inspecciones, que quizá
ofrezcan más garantía que nuestro paladar, dependerá
que los desconfiados dejen de creer que la mayor bodega de las
islas es el muelle.
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