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Título: Las viñas
de Desiderio
Autor: Apeles
R. Ortega
Desiderio es un viticultor de la isla.
Tiene ya 57 años y durante toda su vida el vino, su propio
vino, ha sido su principal fuente de ingresos, aunque si la ocasión
se presenta también trabaja en la construcción,
pues además es maestro albañil. Su vino goza de
fama merecida y nunca ha tenido problemas para distribuirlo entre
los guachinches, los bodegones y los restaurantes populares que
lo despachan a granel. Incluso él mismo dedica dos o tres
meses al año a servirlo en los bajos de su casa autoconstruida,
para redondear los ingresos de la familia.
Desiderio se ha ganado el prestigio entre los amantes del vino
gracias a toda una vida de conocimientos agrícolas, casi
todos empíricos, y a su propia memoria de usos vitícolas
y vinícolas, pues el cien por ciento de su suministro es
con uvas de su propia finca, que ha ampliado a lo largo de los
años con la compra de terrenos colindantes. En su cabeza
controla todas las características y necesidades del terreno,
de la viticultura y de la vendimia, lo que le permite obtener
un vino de origen definidísimo, con rasgos de originalidad
y personalidad.
Por si fuera poco, su vino también es producto de un trabajo
esmerado en el cultivo y la recolección, y ofrece una estrecha
relación entre la viña y la bodega, donde Desiderio
se desvela por controlar todo el proceso de fermentación.
El resultado final no puede ser otro que un vino de calidad singular,
cuyas características cualitativas están ligadas
al microclima propio del lugar de obtención de las uvas.
Pero no todo es alegría. Desiderio ve con temor que el
final amenaza a este universo vinícola salido de su cabeza
y de sus manos. A pesar de su trayectoria consolidada y de que
su fama consigue, todavía, que personas de comarcas alejadas
acudan a comprarle vino, cada vez encuentra dificultades mayores
para venderlo y los obstáculos se amontonan.
Los restaurantes populares se están pasando poco a poco
al vino embotellado porque, le explican a Desiderio, "la
clientela es gente urbana, de la capital, que no conoce y sólo
se fía de las etiquetas con denominación de origen.
Y la verdad, a nosotros nos resulta más cómodo,
nos da menos trabajo".
Aunque Desiderio ?nombre rural, muy acorde con su carácter?
ha pensado alguna vez en embotellar su vino, y hasta en inscribirse
en el consejo regulador de la denominación de origen de
su comarca, lo han asustado la complejidad burocrática,
el desconocimiento de un mundo empresarial que no controla y el
previsible requisito de abandonar los métodos de cultivo
y elaboración en los que es un maestro en favor de otros
que apenas conoce y que, por añadidura, estima que no serán
los más apropiados para el suelo y el microclima de su
finca, y hasta teme que ahora ocurra con su vino lo que tradicionalmente
ha sucedido en la agricultura: que sea más negocio para
el intermediario, el exportador o el comerciante, que para el
agricultor. A él, que lleva toda la vida comerciando su
vino gracias a la palabra dada, juzgando a las personas por su
capacidad para mantenerla y tejiendo una complicada red de relaciones
personales en la que se desenvuelve con naturalidad...
Además, la continuidad en el trabajo ?de la cabeza y de
las manos? en la finca se presenta complicada. Sus cuatro hijos
varones se han ido buscando la vida fuera del oficio familiar
?uno es chófer de la guagua, otro prepara el ingreso en
la policía municipal del pueblo y los otros dos se dedican
a la construcción? y son poco proclives al conocimiento
vinícola y nada al trabajo en las viñas ?"aunque
para bebérselo se apuntan los primeros", lamenta nuestro
amigo? y sueñan todos con construirse sus futuras casas
en los terrenos de las uvas.
La hija de Desiderio, María Iluminada ?a sus padres no
les entraban en la cabeza ni los nombres aborígenes ni
los extranjeros?, ha sido la única con inclinaciones por
el estudio y la única que ha heredado el amor por el vino
de calidad. Además, es el miembro de la familia que representa
la modernidad, en algunas ocasiones y aspectos con gran escándalo
de los demás, "pero bueno, todos los espantos se curan
con el tiempo", como dice Desiderio.
De mentalidad poco conformista, María Iluminada sueña,
o para definir mejor su carácter, ambiciona embotellar
el vino de su padre, con una etiqueta elegante en la que se lea
"Viñas de Desiderio", en homenaje al trabajo
de toda una vida, y una contraetiqueta con las características
organolépticas y la localización geográfica
de lo que sería la denominación de origen de una
sola finca con su propia memoria y sabiduría de usos vitícolas
y vinícolas, al estilo de los grandes Vinos de Pago o Vinos
de Heredad que el Ministerio de Agricultura está independizando
en la península de las habituales y más genéricas
denominaciones de origen.
Está convencida de que se podrían comercializar
unas 5.000 botellas al año, con mucho trabajo inicial de
promoción y distribución directas, dentro y fuera
de la isla, incluso fuera de las islas, y ya anda engolfada con
los estudios de viabilidad. Desiderio se debate en la duda y no
duerme, pues la idea de María Iluminada lo entusiasma ?"algo
habrá que hacer, y esta chica tiene más cabeza que
sus cuatro hermanos juntos"? y lo asusta ?"soy un mago
que no entiende ni de papeleos, ni de bancos, ni de industrias,
ni de redes comerciales"? a partes iguales.
Es natural que la angustia le quite el sueño. Se trata
de una apuesta muy fuerte del universo vinícola que él
ha creado con el trabajo de su cabeza y de sus manos por la supervivencia
en el tiempo futuro. De una apuesta del viticultor y bodeguero
tradicional que tiene un vino singular por convertirse en un empresario
vinícola que además es dueño y productor
de su materia prima. De jugarse a una sola carta que la vida es
posible fuera de las denominaciones de origen genéricas
y de las grandes cooperativas embotelladoras que hegemonizan poco
a poco el mercado.
Es cierto que las denominaciones de origen sólo han traído
beneficios y prosperidad a un sector que languidecía antes
de su aparición en Canarias, y también lo es que
han elevado el prestigio de los vinos canarios fuera del archipiélago
y, por tanto, es necesario continuar con su labor y fomento. Todo
esto queda fuera de duda.
Pero el sol brilla para todos y también hay que darle una
salida a los, todavía, docenas de Desiderios que hacen
vino de calidad suprema, para que sus viñas les sigan reportando
un beneficio económico que los anime a conservar el cultivo
?nadie se queja del trabajo duro si le da beneficios?, sigan deleitando
los sentidos de todos con unos caldos únicos y continúen
conservando y refrescando un paisaje que también es de
todos, en vez de dejar paso a un montón de caserones autoconstruidos
por sus herederos o de chalés adosados promovidos por inmobiliarias.
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