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¿Hay demasiadas denominaciones de origen?
Autor: Apeles
R. Ortega
La VI Cumbre del Vino de Canarias, que se reunió en mayo
pasado en la Alhóndiga de Tacoronte, aprobó por
amplia mayoría (mejor sería decir que propuso, pues
sus decisiones no son vinculantes) la unificación de las
denominaciones de origen por islas. Es decir, que en Tenerife,
donde hay cinco, se fusionarían todas en una, y que algo
similar ocurriría en Gran Canaria, cuyas dos denominaciones
actuales quedarían también en una sola.
No hablo de las restantes islas, pues La Palma, El Hierro y Lanzarote
sólo disponen, cada una, de una que abarca por completo
sus respectivos territorios. Tampoco hablo de La Gomera ni de
Fuerteventura, que no tienen denominaciones de origen, aunque
sí viñas (más en La Gomera que en Fuerteventura),
agricultores y autoridades empeñadas en conseguirlas. Y
si el tiempo y sus vinos les dan la razón, nada habría
que objetar.
Hermógenes Pérez Acosta, presidente de la Fundación
de La Alhóndiga de Tacoronte y, aunque ahora no venga al
caso, también alcalde del municipio del mismo nombre, uno
de los más importantes en la denominación de origen
Tacoronte?Acentejo, señaló en la VI Cumbre del Vino
de Canarias su "apuesta decidida" por la unificación
de las denominaciones de origen por islas y por la "creación
de un solo comité de cata", todo ello para conseguir
"una mayor eficacia y homogeneidad de criterios en la valoración
organoléptica de los vinos, que tienen que hacer obligatoriamente
los consejos reguladores antes de su salida al mercado".
De las palabras del presidente de la Fundación de La Alhóndiga
y alcalde del municipio vinícola se deduce una loable intención
de eficacia en los mercados, de facilitar a un consumidor, que
no siempre es conocedor, un nombre, una marca que lo incline a
elegir un vino de las islas entre las muchas botellas que se encuentra
a la vista en las estanterías de los supermercados.
Como he hecho en anteriores pipas, me permito discrepar de esas
razones de pretendida eficacia comercial, pues no creo que las
cinco denominaciones de origen de Tenerife, o las diez de toda
Canarias, sean un obstáculo para la promoción y
difusión de nuestros vinos. Por los mismos motivos que
las 56 denominaciones de origen de toda España (sí,
han leído bien, 56, un número mayor que el de provincias)
tampoco son un impedimento para que los caldos españoles
sean apreciados en todo el mundo.
Las denominaciones de origen no se conceden por capricho, obedecen
a unas características y sabores determinados, a diferentes
sensaciones en el paladar, a distintas variedades de uvas, suelos
y climas, a memorias y usos vitivinícolas que no son iguales.
En el caso de Tenerife, un Tacoronte-Acentejo se parece tan poco
a un Ycoden?Daute?Isora como un valle de Güímar a
un Valle de La Orotava...
Incluso en islas que sólo tienen una denominación
de origen, como La Palma, el paladar aprecia diferencias entre
las distintas zonas. En cierta ocasión, a un familiar mío
quisieron reprocharle su carácter despreocupado y vividor
y, pretendiendo moralizar, le preguntaron a qué aspiraba
en la vida. Mi pariente se limitó a contestar: "Almendras
de El Paso, vino del Hoyo de Mazo y venga a cantar folías".
De su alegre respuesta, atesorada en el anecdotario familiar,
se deduce que su gusto particular se inclinaba más por
los caldos del Hoyo de Mazo que por los de Fuencaliente, los de
Las Manchas o los vinos de tea de Tijarafe y Puntagorda, todos
ellos igualmente extraordinarios, pero distintos.
Así son la riqueza y la variedad enológicas de las
islas, que se correría el riesgo de difuminar si se eliminan
denominaciones de origen en un proceso que, previsiblemente, sólo
beneficiaría a las grandes embotelladoras, a las que no
resultaría muy difícil imponer sus criterios e intereses
particulares en los consejos reguladores y en los comités
de cata.
De seguir este camino, se propondría incluso a una sola
denominación para toda Canarias, en la que figuraría
junto a un gran vino de Tenerife o de Lanzarote uno cualquiera
de La Gomera, isla donde es difícil encontrar un buen caldo
(vaya por delante mi condición de enamorado de La Gomera,
pero lo sensato no es defender lo propio como lo mejor del mundo,
sino dolerse de sus males y luchar para corregirlos), o, aprovechando
que estamos en la Unión Europea, habilitar una única
denominación para toda Europa: el sueño de esos
burócratas de Bruselas que pretenden homogeneizarlo todo.
Aunque algunos consideran las diez denominaciones de origen de
Canarias un impedimento para la promoción de sus vinos,
éstos se conocen cada vez más fuera del archipiélago,
y hay ejemplos de ello. El periódico ABC ha editado una
guía de todos los vinos de España, en la que los
canarios ocupan ocho páginas. Otro diario de difusión
nacional, El Mundo, publicó recientemente en uno de sus
suplementos dominicales otra guía, más breve, en
la que reseñaba las bodegas más antiguas de todas
y cada de las denominaciones de origen de España, entre
ellas las canarias.
Ni el ABC ni El Mundo encontraron dificultades para orientarse
en el supuesto laberinto de los vinos canarios e incluirlos en
sus respectivas guías. Los lectores peninsulares de esos
periódicos que sean amantes de los vinos de calidad habrán
tomado buena nota de las reseñas y recurrirán a
ellas en cualquier viaje que hagan a Canarias por vacaciones o
trabajo. Aunque temo que durante sus estancias en las islas se
queden sin probarlos en los restaurantes a los que acudan, donde
no suele haberlos porque lo que verdaderamente falla en los caldos
canarios es su comercialización y distribución,
aspectos a los que la VI Cumbre del Vino no ha prestado mucha
atención.
Otro riesgo que se correría unificando denominaciones sería
la creación de dos mundos vinícolas en Canarias:
el oficial de los consejos reguladores, los comités de
cata y las grandes embotelladoras, y otro paralelo de pequeñas
explotaciones familiares, de vinos artesanales o caseros, de guachinches
y ventas escondidas, al alcance de aquellos iniciados que sepan
moverse por esos ambientes ajenos a la industrialización.
Si lo que pretende la VI Cumbre del Vino de Canarias es facilitar
el conocimiento de los caldos de las islas, le sugiero que haga
hincapié en que se distribuyan y comercialicen de forma
más inteligente que en la actualidad. También le
brindo una idea, a mi juicio tan eficaz como barata, y dirigida
tanto al consumidor foráneo como a nuestros paisanos, no
siempre conocedores: Que se imprima un folleto desplegable, tamaño
tarjeta, en el que se reseñen las variedades de uva, las
características organolépticas y los usos vitícolas
más significativos de cada una de las diez denominaciones
de origen. Y que del cuello de cada botella que se envíe
al mercado cuelgue este folleto con un hilo dorado. De nada.
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